Es fácil perderse en los pormenores. Y sí, a veces puede ser divertido hacerlo. Lo idóneo es que el hábito que intentas adoptar provoque un gran interés en ti, para que así te mantenga motivado. Sin embargo, las cosas pueden torcerse rápidamente si los detalles minuciosos se convierten en la prioridad, e incluso peor, cuando la prioridad se transforma en una obsesión insana.

Como la mayoría de las cosas en la vida, suele resultar más efectivo ocuparse primero de aquellos cambios fundamentales con los que conseguirás el 80% de tu objetivo, antes de pasar a los detalles.

Pongamos por ejemplo la nutrición. El último extracto antioxidante mágico o polvo proteínico de moda avalado por deportistas profesionales probablemente no te vaya a servir de mucha ayuda (o de ninguna) si no tienes primero lo fundamental en orden. Los suplementos se supone que complementan una dieta ya de por sí bastante saludable. No están diseñados para solucionar tus problemas de salud, ni tampoco para permitirte eludir las consecuencias de llevar una dieta insana. Primero, pon tus hábitos alimenticios en orden. Infórmate sobre proteínas, carbohidratos y grasas y los alimentos que encajan en cada categoría. Después, encuentra una dieta equilibrada que se adapte a tu vida. Por ejemplo, incluye en tu dieta verduras y proteínas que te ayuden a recuperarte de manera adecuada y eviten deficiencias en tu sistema inmunológico. A continuación, plantéate comprobar la calidad de los alimentos que consumes y estructurar tus horarios de comidas. Ponte a tono con tu cuerpo. Antes de nada, planea una estrategia sostenible con alimentos sanos, porque será de ahí de donde obtengas el mayor número de beneficios nutricionales.

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El mismo principio se aplica al ejercicio físico. Sería estupendo hablar de variaciones y entrenamientos sistemáticos de energía específica, pero siendo realistas, para la mayoría de las personas, el ejercicio comienza simplemente llevando una vida más activa. Después, se puede pasar a hacer algo de ejercicio que haga que tu frecuencia cardiaca aumente y, a continuación, cargar tu estructura de manera que te indique tu nivel de fortaleza. Aún mejor si puedes hacer que la carga sea equilibrada, para así desarrollar integridad estructural, densidad ósea y familiarizarte con tu cuerpo. Más tarde, desafíate a encontrar tu propio equilibrio de intensidad, técnica y carga y observa tu rendimiento utilizando periodos de ejercicio y descanso diferentes. Una vez que te encuentres cómodo, investiga acerca de cómo variar la intensidad dependiendo de cómo te sientas, ya que probablemente para entonces seas capaz de hacer mucho.

Cuando se trata de nutrición y actividad física, la complejidad debe construirse sobre unos cimientos sólidos. Céntrate en esos cimientos y descubrirás que vivir de manera saludable no tiene por qué ser tan complicado.

En lugar de darle mil vueltas a todo, para obtener beneficios céntrate al principio en:

– Caminar a todos sitios en lugar de coger taxis o utilizar transporte público,
– incorporar algo de entrenamiento HIIT de calidad,
– volverte un experto en controlar y manipular tu propio peso corporal,
– llevar una dieta equilibrada que incluya proteínas, carbohidratos y grasas,
– incrementar el porcentaje de verduras en tu dieta,
– dormir más y mejor,
– controlar tus niveles de estrés diarios.

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Si se llevan a cabo en conjunto, estos cambios te llevarán a recorrer gran parte del camino hacia una vida saludable, mucho más que cualquier fórmula secreta para estar en forma, dieta radical de resultados rápidos, aparato de ejercicio de vanguardia o dieta de desintoxicación. Céntrate en incorporar a tu vida aquellos hábitos que te ayuden a recorrer el 80% del camino hacia una vida sana. Ocúpate primero de estas variables y ajústalas más tarde si sientes que necesitas más. Probablemente acabes dándote cuenta de que ni siquiera quieres ese último 20%, porque la vida ya es maravillosa cuando te has ocupado de ese 80% y ese último 20% puede que no contrarreste las restricciones adicionales que conlleva.

Por encima de todo, una vez que te hayas ocupado del 80% te darás cuenta de que para lo que realmente te has estado preparando ha sido para las adaptaciones a largo plazo que acompañan a la constancia. Sí, el efecto quemagrasa post entrenamiento es increíble y te ayuda a continuar quemando grasas mucho tiempo después de la actividad física, pero lo transformador llega tras meses y años de repetida exposición a ese 80%. Con constancia, incentivarás un cambio en tu cuerpo a nivel celular, de modo que este se vuelva más eficaz a la hora de utilizar grasas almacenadas, incrementar la densidad ósea, aumentar la capacidad pulmonar y cardiaca, volverse más tolerante y eficiente con los azúcares y regular las respuestas hormonales de manera más eficaz, entre muchas otras cosas. Tomándote tu tiempo y centrándote en lo adecuado, podrás crear resistencia y vitalidad a largo plazo.

El mensaje de hoy es: simplifica, prioriza lo importante, sé constante y planea cambios a largo plazo.

Be Brave,

Ian