Si somos el gimnasio de los 30 minutos más intensos y efectivos, nuestras sesiones deben ser un caos total y absoluto, ¿no? Nuestro gimnasio debe estar lleno de gente que se dedique a competir para ver quién lo hace mejor, ¿no? No y no, aunque entiendo que puedas pensar así (es la dinámica de muchos otros lugares que prometen “sesiones locas, cortas y rápidas”). Da la casualidad de que nosotros hacemos las cosas de manera muy diferente.

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Sí, la intensidad es importante, como lo es darse cuenta de que también es relativa. La intensidad que apliques a tus sesiones debería estar condicionada por factores como el resto de cosas que tengas planeadas para tu día, cuánto hayas dormido la noche anterior, cómo de cansado vaya a ser el día siguiente, lo que hayas hecho el día anterior, qué hayas comido durante ese día y tu condición física actual. Lo que quiero decir es que, en lugar de aislar nuestros entrenamientos del resto de factores que afectan nuestra vida, deberíamos ajustar la intensidad de cada sesión de acuerdo tanto con lo que necesitemos en ese momento como con el resto de cosas que formen parte de nuestra vida diaria.

Al nivel más básico, podríamos plantearnos la intensidad de esta manera: imagina que pedimos a Juan y Julia que suban 10 tramos de escaleras lo más rápido que puedan. Julia tarda 2 minutos en hacerlo y Juan 5. Los dos acaban con la respiración ahogada y el pulso acelerado, obteniendo ambos efectos positivos de la intensidad que acaban de experimentar.

Si te das cuenta, lo que Julia ha hecho (y necesitaba hacer) y lo que Juan ha hecho (y necesitaba hacer) han sido dos cosas completamente independientes la una de la otra. No había necesidad de que Juan intentara igualar el ritmo de Julia, porque la velocidad de esta no tiene nada que ver con la fisiología de Juan, sus capacidades y sus necesidades actuales. De manera similar, Julia no tenía necesidad de intentar disminuir su ritmo para adaptarlo al de Juan.

Incluso habiendo caminado los últimos 20 escalones por no poder correr más, Juan aun así ha utilizado la intensidad adecuada. Si hubiera intentado forzarse para igualar el ritmo de Julia, podría haberse hecho daño, o por lo menos se habría expuesto a un riesgo innecesario de hacerlo. Habría acabado con la mente nublada por haber mantenido o superado el ritmo de Julia, en lugar de centrarse en hacer lo necesario para él mismo en ese momento.

No se trata únicamente de intentar hacer más que el resto, sino en hacer lo necesario para mandar una señal a tu cuerpo que diga, “Eh, necesito que ahora mismo des un poco más de lo que puedes aguantar.”

Esto no quiere decir que compitiendo no vayas a ponerte en forma. Probablemente lo hagas, pero ¿a costa de qué? Sería como pasar de haber estado sentado delante de un escritorio 10 años, sin hacer nada de ejercicio, a correr una maratón cada semana para ponerte en forma; probablemente funcione durante un tiempo, pero ¿a costa de qué consecuencias negativas a largo plazo? Vale, no es una analogía respaldada por factores científicos, pero entiendes por dónde voy, ¿no?

Lo curioso es esto: cuando se trata de la condición física de cada uno, no existe una línea de meta, incluso si todo el mundo parece estar corriendo para llegar a ella. Piénsalo un momento. No existe un objetivo final real. Sí, tienes objetivos a corto plazo que te mantienen por buen camino, pero nunca llegarás a un punto en el que puedas decir “¡Terminado! ¡Por fin he conquistado el mundo del fitness! ¿Qué es lo siguiente?”

Se trata de un esfuerzo continuado que probablemente debas hacer durante el resto de tu vida, un proyecto a largo plazo con el que comprometerte. Ya no estás corriendo para llegar a la meta, sino realizando mejoras de manera gradual y haciendo que el ejercicio forme parte de tu vida.

Competir está genial cuando existe un trofeo o premio que ganar al final, o por lo menos la posibilidad de chulearte delante de tu amigo por haberle ganado en un partido de tenis. Una mejor estrategia a largo plazo puede ser contemplar el “ir al gimnasio” como una manera de mantener cuerpo y mente cargados, listos para la acción y preparados para servirte cuando los necesites. Si resulta que acaba sirviéndote para ayudar a un amigo a mudarse de casa, al menos estarás haciendo una buena obra.

Esfuérzate al máximo, por supuesto, pero hazlo por ti mismo. Desafíate a ser mejor y a exigirte más para poder conseguir más; simplemente no lo hagas en pro de ganar al de al lado.

Be Brave

Ian